Diseño y bienestar, cuando el diseño mejora la calidad de vida.

Por Marta Asensio.

«Ya estamos en el tontódromo», dijo mi padre mientras entrábamos al Ikea.

La prole de las pantallas, el siglo de la sobre-informaciónmillenialsgeneración Z… Aquel día consiguió acoplar en una sola palabra todos estos términos emergentes que tratan de clasificar de alguna forma lo que somos, y por ende lo que estamos viviendo. Mi queridísimo padre, que tan solo estaba intentando expresar su profunda aversión hacia este tipo de establecimientos, ensambló con la misma rapidez con la que te montas una estantería del Ikea, un término que resume a la perfección el sistema actual.

Crecemos con la tecnología en las manos, ahora los niños no vienen con el pan bajo el brazo, vienen con un iPad.Como sucede en el Ikea, desde que adquirimos capacidad visual, tenemos a nuestros pies flechas que nos indican dónde, señalética que nos advierte el cómo y etiquetas que nos marcan el cuánto. Y si tienes ojo, igual puedes coger algún atajo (saquen sus propias conclusiones).

Cada uno tendrá una opinión diferente sobre si esto es sano o no para la evolución de nuestra especie, pero esta es la realidad, y es imparable. Según un artículo de divulgación científica escrito por Jaeck Debic, el 39% de los jóvenes estadounidenses padecen más ansiedad hoy que el año pasado. Aunque este porcentaje no refleja trastornos de la ansiedad o ansiedad patológica como tal, sí indica que nuestra juventud está experimentando cierto peligro potencial que amenaza su bienestar.

“el 39% de los jóvenes estadounidenses padecen más ansiedad hoy que el año pasado.”

Se podría decir que vivimos en una paradoja constante; tenemos todas las instrucciones del mundo para poder levantar una casa de cero, y nos cuesta más que nunca salir de ella. Personas mayores, adultos, jóvenes… a todos nos influye de alguna forma el salto tecnológicoRedes sociales vinculadas a depresión, juguetes que empobrecen la calidad del lenguaje que aprenden los chavales, abandono de ancianos personas mayores en residencias… ¿qué está pasando?

En mi opinión, no es todo o blanco o negro. Existen tantos grises como personas, tantas realidades como mentes pensantes. Sí, nacemos en “el tontódromo”, pero, ¿y lo bien que queda la mesita de té?, ¿y lo ricas que están las albóndigas?, ¿y lo cómodo que es poder montar tu estantería en media hora?. Como en los casetes, todo tiene una cara B. Por suerte (o para algunos, por desgracia), ya no tenemos que rebobinar la banda magnética con un boli Bic.

“Existen tantos grises como personas, tantas realidades como mentes pensantes.”

Ahora, con un juego de realidad virtual podemos detectar la esquizofrenia, se diseñan páginas web que ayudan a reducir ansiedad y depresióntejido neural diseñado por impresoras 3Dtipografías que facilitan la lectura de personas con dislexia… Existe un amplio espectro de grises lleno de posibilidades que nos ayudan a agilizar operaciones de nuestra vida diaria, y de las que nos podemos beneficiar. Estos son algunos ejemplos de las novedades más impactantes del diseño creadas por y para nuestro bienestar. Pero si echamos un vistazo a nuestro alrededor, seguro que encontraremos un par de especímenes a nuestra disposición.

Rojo-para, ambar-mira, verde-pasa. Sin ir más lejos, un semáforo es un perfecto ejemplo de las virtudes del diseño, cómo adaptamos en algún momento de nuestra historia tres colores básicos a tres conceptos que hoy por hoy son reconocibles en todo el globo terráqueo. Y fuimos nosotros los que supimos sacarle algo positivo a esa simple asociación, los mismos que acabamos sobre-estimulados, deshidratados, desanimados y agotados al llegar al final del “tontódromo”, como diría mi padre, o Ikea, para el resto de mortales.


Artículo escrito por Marta Asensio