Un acercamiento a la democratización del diseño

por Marta Asensio


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Como proceso que nace desde la máquina pensante de un ser social tal que es el ser humano, el diseño evoluciona a nuestro compás, en función de las exigencias de cada época.

Por ello, los distintos estadios de nuestra configuración social, política y económica de un momento concreto, afectarán a cómo se desarrolla el diseño, y en general cualquier producción nacida desde nuestra creatividad.

En este caso, nos centramos en la etapa de la controvertida crisis española, que comienza en 2008, y que según el Instituto Nacional de Estadística concluye en el año 2014, dato que genera muchas discrepancias.

El final de la burbuja inmobiliaria, la crisis bancaria y el aumento del desempleo produjo que los precios se tuvieran que adaptar a los bolsillos de la actualidad del ciudadano. Tras una dulce temporada de bienestar económico y despilfarro, los precios del mundo del diseño también se redujeron, concurriendo a la par de la situación que se estaba viviendo. (O malviviendo).

Nace entonces un nuevo diseño “low-cost”, que podemos ver ejemplificado en el boom Ikea. O cómo hemos querido llamarle nosotros: La democratización del diseño. El diseño ya no es un elemento ajeno a las personas con una menor capacidad económica, sino que podemos disponer prácticamente todos los ciudadanos de ciertas producciones que anteriormente se reservaban para unos pocos.

Porque lo cierto es que durante los años 80 el negocio de la publicidad genera una gran cantidad de ingresos, pero el mercado de los muebles y los inmuebles es sabido por todos que saltó por los aires y afectó a muchos interioristas. Como en todo, nunca hay solo negros y blancos, sino que existe una amplia gama de grises. Pero el diseño anterior a la crisis entendido en su globalidad, influido tal vez por un intento de mantener esa riqueza de los 80, se encontraba por aquel entonces muy poco integrado en la vida de cualquier ciudadano de a pie.

La muestra más clara de esto mismo es las pocas universidades o escuelas que impartían enseñanzas sobre diseño,sea del tipo que sea. En cambio, rebajar los precios supuso poderlo acercar a todo el mundo, y por lo tanto, que fuésemos poco a poco tomando conciencia de que existían multitud de variantes que antes no habíamos sido capaces de vislumbrar. Y no sólo la bajada de precios influyó, sino que progresivamente adquirir información ha sido cada vez más fácil y rápido, lo que produjo un acercamiento aún mayor.

La otra cara de la moneda la encontramos los diseñadores (y demás trabajos que implican una creación creativa o artística) en que al igual que se trató de estirar de la cuerda del gran boom de los 80, está costando mucho poder salir de ese pensamiento “low-cost” que nos dejó la crisis, y a veces es complicado poder transmitir a nuestros clientes el valor real que tienen los proyectos. Pero no es más que un paso intermedio que hemos de dar como en cualquier transición entre dos etapas diferentes.