Salir de la caverna industrial o la cultura del diseño

Por Pablo Pintado.

Imaginad un mundo en donde el diseñador viviera en un viejo taller del barrio de San Pablo de Zaragoza sin salir si quiera de su calle. Imaginad a toda la gente en barrio tan popular a su alrededor y él aislado con su prototipo, sin saber nada de nadie. Ni si quiera sin relación alguna con ningún cliente. Su obra podría ser digna de una casa de subastas, sin embargo, como nadie hallara su obra, no significaría nada. Quizá si acaso, para sí mismo, pero no sería totalmente un diseñador. Quizá sí, un artista sin obra conocida, pero de momento, no sería artista. Desde luego no sería un Banksyporque ni siquiera habría tenido en cuenta el marco social en donde interactúa.

Es fácil que el diseñador esté horas y horas dentro del mundo computarizado, sin embargo, quien se halla en la tesitura de trabajar como tal, interactúa con la realidad de su entorno; de todo lo que le lleva a profesionalizarse. De hecho, el diseño está muy vinculado con la sociedad. No hay diseño sin necesidad.

A día de hoy, muchos son los motivos que nos pueden llevar a contextualizar el diseño como un sistema de interacción entre varios agentes. El diseñador se ve envuelto en un renacido ambiente. Está integrado dentro de una sociedad en la que se exigen nuevos retos y nuevos discursos o, quizá discursos universalizados.

Sociedad y cultura de nuestra contemporaneidad se funden en torno a la cotidianidad de los propios profesionales del diseño marcando una estratificada o democratizada, según como se mire, relación entre el diseñador, objeto del diseño o producto, cliente del diseñador (generalmente productores) y público al cual va dirigido el objeto del diseño o también llamados consumidores. Todo ese análisis ha conformado una disciplina, que ha sido denominada como la cultura del diseño; tal y como nos comenta Guy Julier en su obra con el mismo título.

Para el análisis de todo el contexto, nos podemos remontar a diversos casos a través de la misma experiencia. De hecho, Mike Press y Rachel Cooper en su obra “El diseño como experiencia: el papel del diseño y los diseñadores en el siglo xxi”, desde esa vertiente sociológica nos intentan integrar ese contexto que ha sido dominante en películas cinematográficas y series de los años 90: el estilo de vida, o aprovechando el anglicismo, el lifestyle de la sociedad de consumo. Pero a día de hoy, otros conceptos están en continua alternancia o convivencia con esa sociedad de consumo para intentar hacerla más justa o más sostenible e incluso democrática. Son nuevos tiempos que exigen a los diseñadores mostrarse más acordes con la sociedad en la que viven teniendo en cuenta a clientes y futuros compradores o consumidores de sus marcas con formas, estética y eslóganes creativos, sus muebles low cost 100% reutilizados o tablets de bajo consumo para entidades sin ánimo de lucro que intentan llevar la educación a donde no llega el estado del país que busca desarrollarse. Todo ello, es lo que acoge la disciplina de la cultura del diseño. ¡Intentad tenerla en cuenta!

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