El diseño reivindicativo, cuando los diseñadores se posicionan

Por Joaquín Coloma


Ilustración de Walter Crane

Diseñar es, en sí, un acto reivindicativo. Todo diseño es un giro de tuerca a lo preestablecido. Pero, cuando los diseñadores sienten la necesidad de posicionarse en un contexto de crisis, surgen grandes diseños atemporales que trascienden a su época y forman parte de nuestro imaginario colectivo.

Antes de entrar en materia, he de recordar al lector que la profesión del “diseño” se encuentra dentro de la cultura. El diseñador, por medio de su trabajo y en base a unos referentes, genera cultura, hablándonos no sólo del fin de su diseño, sino del contexto en el que ha sido diseñado.

Pongo el ejemplo fácil: el movimiento inglés de las Arts&Crafts a finales del siglo XIX. William Morris, en base a una concepción socialista, aunó a diferentes artistas, artesanos y arquitectos con el fin de generar productos hechos a mano, a fin de poner en cuestión el modelo industrial que involucraba la relación del hombre y la máquina. Pretendían una vuelta al modelo medieval a múltiples niveles, donde la relación del hombre y su trabajo no estaba determinada por la fábrica, el horario, el capataz, etc.

Lo que empezó como un “contraataque” desde la cultura al modelo industrial, se convirtió en el estilo de la época. Dentro de las Arts&CraftsWalter Crane, ilustrador involucrado políticamente al servicio de sus convicciones socialistas, ilustró cuentos infantiles bajo un estilo que ha llegado hasta nuestros días, siendo un gran referente en el mundo de la ilustración infantil.

Toda actividad cultural tiene como fin fomentar, en menor o mayor medida, el espíritu crítico de los ciudadanos. El diseño es una disciplina que se enmarca dentro de un contexto político, social y económico.

Pero ¿qué consideramos un diseño reivindicativo? Podemos definirlo como un producto o comunicación diseñada que, desde su planteamiento, función, estética y/o su público dirigido pretende poner de manifiesto una serie de problemáticas a nivel social, económico, político o cultural. Es decir, mojarse en temas de actualidad y generar un contexto que propicie el debate por medio del diseño.


Tabla recogemigas de Curro Claret

Curro Claret, diseñador de producto de Barcelona, plantea una forma de ver la disciplina desde la crítica, la poesía y la conciencia social. Sus diseños son pura reivindicación: construye mobiliario funcional por medio de materiales que encuentra por las calles, llegando incluso a explicarnos por medio de imágenes como fabricarlos nosotros mismos y amueblar nuestros hogares con desperdicios de la calle. No es que Claret padezca la enfermedad de Diógenes y pretenda contagiarnos al resto, sino que, por medio del diseño, quiere que cambiemos nuestra percepción del consumo y de la obsolescencia programada.

En tiempos difíciles como los actuales, en el que en España la falta de cultura de diseño implica que la mayoría se lance al trabajo “freelance”, donde impera la “ley de la jungla” propia del neoliberalismo, con la competencia que ello implica, ¿qué lleva al diseñador a involucrarse en meollos socio-político-económicos?


Ilustración de Anna Parini

Otro ejemplo es una ilustración animada de la italiana Anna Parini. Su trabajo se caracteriza por la sencillez calculada con la que trata las inquietudes humanas. Afincada en Barcelona desde hace muchos años, no es ajena a todo el bullicio político catalán, por lo que subió a su cuenta de Instragram un gif animado donde venía a decirnos que, por medio del diálogo, podríamos encontrar una solución que nos beneficie como sociedad.

Como diseñadores, hemos de ser conscientes que cada decisión que tomemos  en el proceso, por muy objetiva que sea, no deja de estar influenciada por nuestro bagaje cultural y nuestra ideología política, condicionando en el diseño final. Paula Scher, por ejemplo, decidió en sus proyectos no usar la tipografía Helvética, ya que el gobierno de Estados Unidos la empleó para promocionar la Guerra de Vietnam.

Con la reciente manifestación feminista del 8 de marzo, ilustradoras, fotógrafas, artistas y diseñadoras han enviado a las redes sociales trabajos personales donde animaban y concienciaban a sus seguidores de la importancia de asistir a la concentración que se dió lugar. Las redes sociales se inundaron de apoyo, solidaridad, denuncia y creatividad a través de imágenes. No fue un acto programado, sino algo visceral que llevó a cada una de ellas a aportar su propia visión del feminismo pasado y actual. Destacar a una de estas profesionales me parecería injusto para las demás, por lo que os animo a buscar por las redes y empaparos de esa sororidad visual.

Pero el diseño reivindicativo no es potestad sólo de los diseñadores: cualquier ciudadano indignado que manifieste públicamente su punto de vista ante una desigualdad puede diseñar. Hace nada estuve en Barcelona, y me llamó la atención ver en muchos locales, galerías y en los propios ciudadanos el lazo amarillo, en solidaridad con los presos políticos catalanes. Grafitis, carteles, performances… expresiones visuales, perfectamente catalogables como diseño, creadas desde la ciudadanía a fin de concienciar y denunciar una situación injusta.

En tiempos de crisis, los que nos dedicamos a la cultura debemos tener presente que nuestro trabajo es crucial: debemos lanzarnos de cabeza, embarrarnos y denunciar desde las plataformas disponibles las injusticias que siguen presentes en nuestra sociedad. De no hacerlo, o de no saber apreciar esas injusticias, somos cómplices. Nuestro deber, más allá de llegar a fin de mes, es poner los temas sobre la mesa y generar el contexto adecuado para promover el pensamiento crítico en la ciudadanía.

¿Cuántos carteles harán falta para cambiar el mundo? Tantos como mentes a las que concienciar.